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El otoño, la estación preferida de los ácaros

En otoño aumenta la humedad y el calor va dejando paso a temperaturas más templadas. Esto hace que durante primavera y otoño, en el interior de las casas, los ácaros encuentren unas condiciones ideales para reproducirse y causar más problemas a los animales alérgicos.




Los ácaros son parásitos microscópicos, de la familia de las garrapatas y las arañas, de menos de 0,3mm. Se alimentan de descamaciones de la piel del hombre y de los animales, por lo que podemos encontrarlos en cualquier rincón de la casa, pero especialmente en colchones, ropa de cama, tapicerías, alfombras, peluches y como no, entre el pelo de nuestras apreciadas mascotas.


Los colchones de nuestra cama y de la de nuestras mascotas son uno de sus lugares preferidos, ya que el calor y la humedad que desprende nuestro cuerpo al dormir y los restos de polvo y de células de la piel lo hacen un lugar ideal.


Para reducir al máximo su presencia en nuestra casa debemos ventilar bien las habitaciones, usar fundas en colchones, lavar las almohadas con agua muy caliente y aspirar y fregar frecuentemente nuestro hogar.


Los perros y gatos también sufren las consecuencias en estas fechas del año. Los animales con dermatitis atópica padecen sensación de picor (más o menos elevada), se rascan, lamen y muerden, sobreinfectando así las zonas inflamadas y enrojecidas, y pueden llegar a producirse serias lesiones dérmicas, que requerirán de un tratamiento específico en cada caso. Las zonas especialmente afectadas son las zonas interdigitales de las extremidades anteriores y posteriores, y el pabellón auricular.


La dermatitis atópica debe ser diferenciada de otras causas de prurito (picor) como son las pulgas, sarnas (sarcóptica, demodécica, otodéctica), alergias alimentarias o infecciones secundarias de la piel (causada por bacterias o levaduras) o trastornos de la queratinización dérmica.


Se calcula que entre un 10-15% de los perros son atópicos y su incidencia va aumentando, al igual que ocurre en los seres humanos. Las causas principales son una hipersensibilidad a alergenos ambientales (ácaros, polen, hongos...) y una alteración de la barrera epidérmica y de su función aislante, lo que conlleva una mayor penetración de los alergenos causantes de la atopia. Existe una predisposición genética a padecer atopia en ciertas razas de perro como los Beagle, WestHighland White Terrier, Bulldog, Shar Pei.


En muchos casos es recomendable una dieta de eliminación (o hipoalergénica) durante un período de 8 semanas, combinada con el tratamiento propio de la atopia, ya que ayuda a la mejoría de los síntomas. Y es importante mantener un control periódico de pulgas, ya que existe la posibilidad de que múltiples alergias coexistan en el mismo individuo (alergia alimentaria + alergia a la picada de la pulga + atopia).


El veterinario te dará el mejor tratamiento para cada caso ya que se trata de una enfermedad multifactorial crónica que debe ser controlada con tratamientos para el control del picor, de sobreinfecciones bacterianas o fúngicas y de mantenimiento de la barrera lipídica de la piel.


No te desanimes si eres propietario de un perro atópico porqué aunque no hay una solución definitiva para la curación de esta enfermedad, tu veterinario podrá ayudarte a controlarla y a minimizar los síntomas para que tu mascota tenga la calidad de vida que se merece.


Feliz otoño y hasta la próxima parabicheros!

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